Mi nombre es Electra Marote, tengo 39 años, soy mamá de un hijo, Alejandro. Hace 2 años trabajo como docente en una escuela de María Luisa, y este año comencé a trabajar en la escuela Nuestra Señora del Luján de Paraná.

Mi infancia fue muy linda, quizá distinta pero la recuerdo mucho. Lamentablemente a los 10 años perdí a mi papá.  Mi mamá cayó en un estado depresivo, lo que hizo que con mi hermano, 8 años mayor que yo, nos hiciéramos cargo de la casa y de asistir al colegio. Mi papá era agente de policía, un hombre sencillo con muchísimos valores que me legó, sobre todo, el amor al estudio y la perseverancia.

En ese tiempo conocí al padre de mi hijo, y a la temprana edad de 11 años quedé embarazada. A los 12 años nació Alejandro, los 14 años me casé por civil y convivimos por 8 años con el papá de mi hijo.

¿Por qué querés ser viceintendente?

En la viceintendencia siento que voy a poder devolver todo aquello que yo he recibido en algún momento de mi vida. A partir de que también de lo que ha sido mi vida, en la que me he formado, he estudiado, siempre con una vocación de servicio. Primero quise ser policía, después dedicarme a la abogacía para poder trabajar en mediación, en resolución de conflictos y ahora en la docencia, queriendo dedicarme a los niños y adolescentes.

Ésta es mi oportunidad de devolver todo aquello que yo recibí, la viceintendencia me brinda ese espacio y espero poder obtenerlo, para llevar a todos mi vocación.

MI CLAVE PARA LOS DESAFÍOS: ESFUERZO Y PERSEVERANCIA

Ser madre me cambió y me marcó la vida. A los 17 años comencé a trabajar en un acuario y desde esa edad también hasta los 27 años trabajé de empleada doméstica. A partir de que me separé del papá de Ale yo tuve que empezar a trabajar aún más todavía, siempre fue muy difícil económicamente llevar adelante mi vida, porque alquilaba y tenía que mantener a mi hijo.

A la par de ésto, también estudiaba. Yo me separé de mi pareja porque tenía un temperamento bastante difícil y no me permitía que estudiara. Luego de la separación terminé la secundaria, ya que la primaria la había terminado en una escuela técnica a las 17 años. Yo amaba estudiar, era lo que quería hacer en mi vida. Fue muy difícil salir adelante laboralmente, económicamente y con los estudios, pero en el 2002 terminé mi secundaria en una escuela nocturna.

ESTUDIAR PARA PROGRESAR y SALIR ADELANTE

Cuando yo trabajaba de empleada doméstica, tenía la inquietud de que no quería trabajar para siempre de eso. Si bien es un trabajo muy digno, consideraba de que el cuerpo se cansa, aunque yo era jovencita.

El estudio me gustaba mucho, así que quería ir por ese camino. Las personas con las que trabajé en casas de familia, me mostraron que el valor de las cosas no están en las riquezas materiales, en el dinero, sino en tener una profesión, en tener estudios. Eso me llevó a pensar en estudiar, en tener una carrera el día de mañana.

En 2004 empecé a estudiar abogacía. Me resultó bastante difícil en ese momento, porque no estaba preparada intelectualmente por lo que tuve que abandonar. En 2007 tuve una muy buena oferta laboral para trabajar en un comercio gastronómico, y ahí consideré en empezar de nuevo la carrera. Esta vez  me preparé mejor y llevé la carrera bastante al día hasta la mitad de tercer año. Ahí me vuelvo a quedar sin trabajo, y eso no me permitió seguir, ya que estudiaba en una universidad privada.

Eso me frustró bastante en aquel momento, y me llevó a tomar la decisión de comenzar al año siguiente una carrera en la universidad pública donde yo pueda continuar a pesar de las adversidades económicas.

Decidí empezar el Profesorado de Filosofía, porque fue la materia que más me gustó en Abogacía. Me sedujo de una manera porque en el acontecer de mi vida, la filosofía me ayudó a encontrar un lugar, un refugio. Así fue que en 2010 comencé el Profesorado.

La vocación por la Política

Respecto a la política, nunca me había involucrado. Siempre pensé que era un lugar bastante oscuro. Había conocido varios partidos políticos, pero siempre me mantuve bastante alejada, además sentía que no tenía ni el tiempo y la disponibilidad como para involucrarme.

Yo siempre había tenido un espíritu de servicio, primero quise ser policía como mi padre, después tratando de dedicarme a la abogacía, la mediación era mi objetivo en la carrera, y después con  la docencia. Siempre quise devolver aquello que había recibido desde muy chica.

Había estado mirando la política desde un costado, me estaba haciendo ruido, porque veía que la sociedad estaba bastante dividida y que había mucha influencia en el pensamiento del ciudadano.

Por medio de un amigo, un ex profesor, voy a una reunión de un partido político que se estaba gestando en ése momento en Paraná. En esa primera reunión que tuve en Políticas para la República me llenó bastante de más inquietudes, porque conocí las bases del partido, los principios, y me atrajeron.

De algún modo me seguía sonando raro porque consideraba que no podía ser un lugar “bueno” si era “político”. Pero en filosofía aprendí que las palabras hay que desmitificarlas, porque las palabras tienen su carga, pero en sí no hacen nada, los que hacemos somos los humanos.

Así que fui a esa reunión, volví a ir a la segunda, y así luego me sumé al programa de formación que tiene el partido, y finalmente creo que encontré un lugar donde puedo dar algo de mi. 

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